De eso se trata.
En invierno, hace frío, aunque no todo el mundo lo siente. Sin embargo, cada vez mis movimientos son más perezosos y mis sentimientos más inexistentes. Así es diciembre.
Una de las cosas de las que siempre me quejo es que nada cambia, pero lo que no cambia es que sigo siendo igual de imbécil. Todo es distinto. Yo soy distinto. Como un criminal reincidente que por fin aprendió la lección y solo busca su reinserción pacífica, he aprendido qué es delito y qué es legítimo, para mi. No es justo, no, pero a mi no me preguntes. Yo ya he intentado rebelarme, pero sólo soy humano hasta cierto punto.
Me acuerdo de aquel chaval, que no respiraba, aunque aspiraba el aire de su alrededor. Era yo, con una caña desde una esquina. Aún me acuerdo de todo lo que era capaz de sentir.
Rabia.
Tristeza.
Euforia.
Alegría.
Amor.
Pena.
Esperanza.
Amistad.
Odio.
Simpatía.
Ilusión.
Solía ser gracioso y divertido. También recuerdo eso. Eso y los nombres de las mujeres de quien me he enamorado, algunas de los cuales ahora odio por una u otra razón.
Se supone que de eso estamos hechos, pero la realidad, la dura realidad, es que a base de golpes, aprendí que sentir está mal. No entiendo por qué. No sé por qué. Pero sentir está muy mal. Ahora sólo siento tres cosas:
Resignación
Vacío.
Frío.
Cada vez está más claro que soy un golem con la aleph erosionándose. Si pudiese sentir esperanza, esperaría que alguien la reescribiese con acero. Sin embargo, mucho me temo que un dia de estos seré un trozo de roca, frío.
Dejar un comentario
Aún no hay comentarios.
RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack

