{lcdc:7} Cefalea tensional

- Bueno, podría intentar buscarte algo de comer, pero… ¿Tiene algún agujero esto, para meter la comida, o puedes salir, o…?
A Matilda no parece preocuparle demasiado mi situación. Bueno, tampoco es que se alegre. Es como si no fuese consciente de las cosas. Se las dices y ya está, no hace falta convencerla de nada.

- Pues la verdad, creo que estoy atrapado… He intentado salir, golpear el cristal, para intentar romperlo, pero solo he conseguido hacerme daño. ¿Podrías intentar mirar si ves algo desde fuera?

Matilda da unas vueltas alrededor de la caja, mientras toca todas sus paredes con cara de curiosidad. Intenta hacer fuerza para empujarla, da golpecitos mientras apoya su oreja en el cristal, intenta deslizarlo. Sorpresivamente, no encuentra ningún punto débil a la caja. Se para a pensar y me pregunta:

- ¿Y cómo haces para respirar ahí dentro?
- No lo sé. ¿Has mirado las esquinas?
- Es que es lo que me extraña. Ni siquiera en las esquinas, recobecos, rendijas, en ningún sitio he visto respiraderos.
- Nunca entenderé lo que me está pasando…
- Bueno, tal vez.
- …
- Eh… ¿o tal vez no?
- Eso no se puede saber ahora.

Suspiro. Quizás es cierto que nunca sabré qué es esta caja, o qué es este sitio, o quien solía ser. Como si, además de estar en una prisión para la persona, estuviese también en una prisión para mi mente, aislado del exterior, exterior en el que ya no puedo pensar porque desconozco. Todos los sitios que he conocido durante mi vida, la gente, las cosas que he aprendido, todas se han borrado. Todo lo que he sido, también. A lo mejor estoy cumpliendo alguna especie de condena, por algo horrible que he hecho. A lo mejor soy un criminal. A lo mejor he destruido algo, o alguien, y por ello me han metido en una prisión para el cuerpo y la mente, sin más carcelero que el tic tac de un reloj que no está, pero que avisa de que tarde o temprano moriré, hambriento, loco y sediento…
¿Sediento?

Me acabo de dar cuenta de que si llevo días sin comer, llevo también días sin beber. ¿Cuánto se puede estar sin beber? Mis labios están secos y ni me había dado cuenta.

- ¡Pues como no comas te vas a sentir muy mal! Qué fastidio que no consigamos averiguar nada.

Matilda se había recostado encima de la caja, sobre mis piés, con su cabeza y piernas colgando de sendos laterales. Sus brazos estaban en cruz sobre su pecho, como si estuviese pensando seriamente en el asunto. Probablemente no lo estaba.

- Bueno, yo ya he averiguado algo…
- ¿El qué?
- Que también llevo tres días, o los que sean. sin beber.
- ¿Eso no es mucho? ¿Qué tal te encuentras?
- Pues me duele muchísimo la cabeza, creo que me va a explotar. … Hay que hacer algo ya.
- Hmmm…
- ¡Ve a buscar ayuda!
- Vale

Matilda se levanta de un grácil salto y comienza a caminar hacia delante. No sé si sabe a donde va, porque simplemente fue en la primera dirección que encontró… ¿Pero no entiende la situación?
- ¡Pero, Matilda, corre!

Matilda obedece. No sé qué pensar de ella. En todo caso, yo estoy encerrado. Mi suerte depende de quién aparezca por aquí, no tengo muchas cartas que jugar.
Harto, golpeo la caja lleno de ira, con todas mis fuerzas, y consigo por fin mi objetivo: liberar estrés. ¿Pero de qué me sirve, aparte de para cansarme? Esta caja parece de hierro, en vez de vidrio. Además, la tensión hace que me duela más la cabeza. Y lo que es peor, el dolor de cabeza hace que me revuelva aún más, golpeando más la caja, aumentando la tensión, cansándome más, sufriendo. Mi cabeza puede estallar en cualquier momento, me duelen las manos, los brazos y las piernas. Tengo que parar. Ya. Respiro, de una forma aún por determinar, me apoyo sobre mi brazo izquierdo, con el cuerpo estirado pero relajado, y vuelvo a respirar. Eso no quita el dolor de cabeza, pero sí da un alto en la locura.

No veo bien. Es difícil de saber cuando estás en un mundo completamente negro, en una caja invisible, pero me estoy mareando y lo poco que veo lo veo borroso. Veo… veo una pistola. Fuera de la caja, abandonada por ahí. Puede que sea la pistola de Primo, o como se llame. No lo sé, me duele la cabeza… me estoy desmayando. Creo… que no me quedan ya cartas.

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